Capítulo 4

El arte del inciso

El inciso es la intervención del narrador testigo de los diálogos (o participante a la vez, en algunos casos) para indicar quién habla. Amplía la información sobre variados aspectos referidos al hablante, sólo cuando es necesario.

Generalmente, y en su forma más común y convencional, los incisos (llamados acotaciones en el lenguaje teatral) corresponden a las distintas variantes de «dijo él» y «dijo ella», denominados verbos dicendi. Informan sobre:

. El locutor emisor (quien emite el mensaje).

. El interlocutor o receptor (a quien va dirigido).

. La forma en que se emite el mensaje.

Los objetivos

Cuando un narrador se mete en mitad de la conversación, puede limitarse a hacer una indicación o alterar completamente el efecto que ésta nos produce.

Los incisos del narrador en los diálogos directos pueden ser muy breves, simplemente para indicar qué personaje habla en cada intervención, muy largos o inexistentes.

Umberto Eco dice que cuando se puso a escribir El nombre de la rosa, «las conversaciones me planteaban muchas dificultades. Hay un tema muy poco tratado en las teorías de la narrativa: los artificios de los que se vale el narrador para ceder la palabra al personaje».

Propone el siguiente ejemplo: dos personajes se encuentran y uno le pregunta al otro cómo está. El otro responde que no se queja y pregunta a su vez qué tal está el primero.

a) –¿Cómo estás?

–No me quejo, ¿y tú?

b) –¿Cómo estás? –dijo Juan.

–No me quejo, ¿y tú? –dijo Pedro.

c) –¿Cómo estás? –se apresuró a decir Juan.

–No me quejo, ¿y tú? –respondió Pedro en tono de burla.

d) Dijo Juan:

–¿Cómo estás?

–No me quejo –respondió Pedro con voz neutra. Luego, con una sonrisa indefinible–: ¿Y tú?

a) y b) son similares, pero c) y d) son muy distintos y muy diferentes entre sí. Debido a la intromisión del narrador, de c) y d) se desprenden ciertas alusiones en la respuesta de Pedro que no aparecen en a) y b)

El uso adecuado del inciso

El inciso suele ser necesario en los siguientes casos:

. Cuando se quiere insistir sobre algún aspecto.

. Cuando el mensaje sugiere distintos matices de respuestas por parte del interlocutor.

. Cuando son varios los hablantes.

Insistir sobre algún aspecto

Cuando queremos destacar un rasgo o una reacción que pesan en la trama, recurrir al inciso puede ser una manera propicia.

Ejemplo:

En el siguiente caso, queremos destacar el carácter obsesivo del personaje, empleamos para ello un inciso que marque el uso del lenguaje y el gesto:

–¿Regaste las azaleas, seguro que las regaste? –repitió X por tercera vez mientras se alisaba el bigote con un pequeño peine frente al cristal de la ventana.

Sugerir distintos matices

La escritura de un diálogo responde a una propuesta que previamente podemos hacernos. Para decidir su uso, una vía es probar algunas posibilidades en el mismo diálogo y analizar los resultados, como lo hacemos en el ejemplo siguiente, en que el inciso resulta necesario al insinuar en cada caso un sentido diferente que de otro modo se perdería:

a) –¡Será mejor que te alejes de mí! –respondió X con rabia.

b) –Será mejor que te alejes de mí –dijo X angustiada con un hilo de voz.

c) –Será mejor que te alejes de mí –lanzó X después de un momento como pensando en otra cosa.

Varios hablantes

En muchos casos, es imprescindible el inciso si hablan varios personajes, para que el lector no se pierda.

Ejemplo:

–¿Quién de nosotros será el primero? –preguntó Raúl.

–Conmigo no contéis –se apresuró a decir Lalo.

–Ya veo que tendré que ser yo –dijo Rita.

–No tienes por qué –respondió Raúl.

–¿Y si lo fueras, qué? –intervino Magda.

El inciso cumple una función determinada. No se deben emplear incisos por hábito o de forma arbitraria.

Colocar el inciso

El verbo dicendi, «dijo», puede colocarse antes o después del parlamento del personaje. Ambas modalidades se pueden encontrar en un mismo texto, aunque no es muy habitual.

Ejemplo:

–Dime una cosa –dijo el padre Ángel–. ¿Me has ocultado alguna vez algún pecado?

Trinidad negó con la cabeza.

El padre Ángel cerró los ojos. De pronto dejó de revolver el café, puso la cucharita en el plato, y agarró a Trinidad por el brazo.

–Arrodíllate –dijo.

[…] Trinidad cerró los puños contra el pecho, rezando en un murmullo indescifrable, hasta cuando el padre le puso la mano en el hombro y dijo:

–Bueno.

–He dicho mentiras –dijo Trinidad.

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ, La mala hora

Variantes del verbo «decir»

El verbo decir es el verbo más utilizado en los incisos del narrador; pero hay muchos otros verbos que pueden precisar con mayor exactitud la información que la voz narrativa desea dar al lector, entre los cuales señalamos los siguientes:

Expresar, afirmar, pronunciar, razonar, manifestar, explicar, declarar, contar, detallar, informar, alegar, enunciar, precisar, observar, señalar.

No utilizar mecánicamente el verbo decir. Escoger el más apto para transmitir la información.

Ampliar el efecto

Los personajes deben expresarse según sus propias características y las del momento de la historia que están viviendo. Existen mecanismos válidos para ampliar el efecto del diálogo, que subrayan o resaltan sus reacciones. Los principales son los calificativos y la descripción.

. Los calificativos

Los adverbios y los adjetivos nos permiten calificar a los personajes. A menudo, no son necesarios porque la fuerza del diálogo basta para decir lo que hace falta y el lector debe entender «qué pasa» gracias a lo que dice y a cómo lo dice cada personaje; pero hay casos en que para expresar estados como miedo o tensión, por ejemplo, una palabra extra –adverbio o adjetivo– puede permitirnos producir la atmósfera adecuada.

Ejemplo:

–Ahora te arrepientes –dijo Federico.

El efecto cambia según cuál sea la actitud de Federico, algo que es posible de especificar mediante alguna palabra que establece el matiz anímico correspondiente:

–Ahora te arrepientes –dijo Federico tímidamente.

–Ahora te arrepientes –dijo Federico cabizbajo.

–Ahora te arrepientes –dijo Federico amenazante.

–Ahora te arrepientes –dijo Federico apasionadamente.

. La descripción

Otra opción es elaborar la idea, ampliando el calificativo y reemplazándolo por una explicación referida a un estado anímico, un gesto, una sensación o una acción del personaje.

El mensaje transmitido con palabras puede ir acompañado de determinada carga emocional y por algún movimiento corporal que el narrador suele especificar ampliando la visión del personaje que habla. Se puede indicar la desazón con la mirada dirigida al suelo; la ansiedad con un ir y venir constante; una acción específica puede agregar más vivacidad a la escena, etcétera. Cuando el receptor recibe el mensaje hablado del emisor, capta también lo que dice con sus movimientos. Muchas veces, los gestos de los interlocutores se intercambian constituyendo un diálogo sin palabras. Por lo tanto, podemos emplear la descripción breve y específica de estas acciones mínimas para ampliar el inciso.

Ejemplo 1:

Referido a un estado anímico:

–Ahora te arrepientes –murmuró apenas Federico con desazón.

–Ahora te arrepientes –le lanzó Federico con rabia.

Como resultado, se percibe a un Federico diferente en cada caso, caracterizado por su estado de ánimo. También se puede suponer la reacción del segundo personaje, antes y después de que Federico hable.

Ejemplo 2:

Referido a un gesto

–Ahora te arrepientes –amenazó Federico, señalándolo con el índice.

–Ahora te arrepientes –dijo Federico mientras se quitaba un mechón de pelo de los ojos.

Ejemplo 3:

Referido a una sensación

–Ahora te arrepientes –dijo Federico algo mareado.

–Ahora te arrepientes –Federico dijo sintiendo un mal gusto en la boca.

Ejemplo 4:

Referido a una acción

–Ahora te arrepientes –gritó Federico rompiendo la estatuilla.

Debemos basar la elección del diálogo en las necesidades de la historia narrada y en el aspecto que queremos destacar: poniendo el énfasis en ciertos calificativos, en ciertas explicaciones o regulando el tono expresivo, podemos resaltar un aspecto del personaje en cuestión.

Otras modalidades de diálogo

Existen numerosas modalidades que transgreden la forma convencional de presentar el diálogo y podríamos inventar otras novedosas para decir lo que deseamos, según las exigencias del argumento y de la trama.

Entre ellas, introducir el estilo directo suprimiendo los dos elementos clásicamente distintivos del diálogo: la raya y el cambio de línea; se trata de fórmulas menos convencionales que utiliza la narrativa moderna en las que el lector identifica a los personajes y al narrador por el diferente uso de personas y tiempos verbales.

Veamos las siguientes:

. Se suprime la raya en la introducción de los diálogos:

Él estaba en el dormitorio metiendo ropa en una maleta cuando ella apareció en la puerta.

¡Estoy contenta de que te vayas! ¡Estoy contenta de que te vayas!, gritó. ¿Me oyes?

Él siguió metiendo sus cosas en la maleta.

¡Hijo de perra! ¡Estoy contentísima de que te vayas! Empezó a llorar. Ni siquiera te atreves a mirarme a la cara, ¿no es cierto?

Entonces ella vio la fotografía del niño encima de la cama, y la cogió.

Él la miró; ella se secó los ojos y se quedó mirándole fijamente, y después se dio la vuelta y volvió a la sala.

Trae aquí eso, le ordenó él.

Coge tus cosas y lárgate, contestó ella.

RAYMOND CARVER, Mecánica popular

. Se elimina la raya de diálogo y el cambio de línea. Advertimos de qué personaje se trata por el tiempo verbal que usa cada uno:

No molestas, respondió César maldiciendo in pectore su suerte, qué quiere de mí esta ruina humana, por qué viene ahora a fastidiarme. Porque somos los dos únicos directivos que no hemos acudido hoy al despacho de Moton, se contestó a sí mismo de inmediato. ¿No te han convocado a la reunión?, estaba preguntando Matías precisamente. Claro que no, respondió César muy airado. A mí tampoco, dijo el otro en voz baja.

ROSA MONTERO, Amado amo

. Se sustituye la utilización de la raya por la mayúscula. Cada personaje inicia su intervención de esta manera:

El médico dijo, Las órdenes que acabamos de oír no dejan dudas, estamos aislados, más aislados de lo que probablemente jamás lo estuvo alguien anteriormente, y sin esperanza de poder salir de aquí hasta que se descubra un remedio contra la enfermedad, Conozco su voz, dijo la chica de las gafas oscuras, Soy médico, médico oftalmólogo, Es el médico a quien fui a ver ayer, es su voz, sí, Y usted, quién es, Tenía una conjuntivitis, supongo que la tengo aún, pero ahora, ciega ya, la cosa no debe tener la menor importancia, Y ese niño que está con usted, No es mío, no tengo hijos […]

JOSÉ SARAMAGO, Ensayo sobre la ceguera

. Sin guiones, ni espacios, ni cambios de línea. Los personajes que intervienen se pueden identificar gracias a la habilidad narrativa del escritor:

Opción a)

Adviértase en el siguiente texto el uso del perfecto simple del narrador (cazó), diferenciándose del presente de indicativo (escribes) y el pretérito perfecto (hemos escrito) de los personajes:

¿Escribes poesía?, preguntó Natalia. De momento, con tres amigos míos, hemos escrito un «Manifiesto». ¿En castellano? Sí, en castellano, Márius no cazó el sentido de la pregunta y leemos a Verlaine, Rimbaud, Baudelaire… ¿De qué trata vuestro «Manifiesto»? De literatura, de que todas las fórmulas poéticas usadas hasta ahora están ya superadas. Hay que acabar con eso de la poesía social y la poesía política.

MONTSERRAT ROIG, Tiempo de cerezas

Opción b)

Padre, dije, ¿qué estás haciendo aquí, en la Pensión Isadora, vestido de marinero? Y ¿qué estás haciendo tú aquí?, replicó, estamos en 1932, estoy haciendo el servicio militar y mi barco ha llegado hoy a Lisboa, mi barco se llama Filiberto, es una fragata. ¿Pero por qué me estás hablando en portugués, padre?, dije, ¿y por qué te me apareces siempre con preguntas absurdas?, […] dijo.

ANTONIO TABUCCHI, Requiem

. Colocando los incisos entre paréntesis, condensados en una sola palabra referida al estado del personaje, y a continuación del diálogo, sin separación de raya:

–¿De qué estás harto?

–De todo esto. (Tozudo.)

–¿Qué es todo esto? (Como Forster, el loro.)

–De hablar sólo. (Terco.)

–¿Con quién, pues? (Despectivo.)

–Me da igual.

–Embustero. Sabes muy bien con quién. (Amonestador.)

–Con aquella cursilona, aquella bruja de París. (Sin convicción.)

–¡Ajá! –chillo–. Bueno, bueno –repito cinco veces–. ¡Pues dilo, cabrón!

JULIAN BARNES, Hablando del asunto…

…"

–Continue reading and experience this text at fictograma.com–